miércoles, 11 de agosto de 2010
destapar la chispa de felicidad
Piedras, espuma y milagros están ahí a flor de piel en la orilla. Mientras el mar no me niegue...perdí mi ser en la ciudad. Frente al mar soy otra vez la gaviota de aire que muere en la explosión de sal, pisando las sombras del viento nazco y muero sin recuerdos. Eso es la felicidad. Padre, madre, nacen en la arena. amigos y hermanos vuelven al mar. En la profundidad, Dios y arriba el sol para guiar la risa hacia las nubes. Acá cielos estrellados de luces adloridas, dinero y poder, autos y fantasmas enfermándonos el alma con sus programas radiales, sus barras de cereales, sus noticias que hacen perder cada vez otra virginidad. cada día es una nueva muerte para la historia.El sistema es una ingeniería de depresión. Si se le va demasiado la mano, para eso hay elementos que ponen en pausa la tragedia incestuosa del deseo de no figurar. Falso, en la ciudad no es posible desaparecer. Quizás para el resto sí, pero para el sí mismo es aún más fuerte la presencia. Y la forma de anularse es la compra, la micro, y para otros mendigar. No hay esperanzas en la extrema vanidad.Y el amor aquí lo vemos desde la ventana, es um motel. Es píldora del día después y alcohol violentándonos imágenes, casas, abuelas asustadas o iglesias fracasando en su comunión. Los besos representan el informe frente al otro, tegusta o no te gusta, te dijo o no te dijo. Te llevo o no. Duele el alma. el viento inutilmente trata de manifestarse real en los vidrios. Entre las luces infernales que se logran filtrar por los edificios glandulares y el aire espeso escasea y los ojos se revuelcan en lujuriosas enfrentaciones de mareas de luz artificial. Pobres creaturas. Que infame el momento que nos queda de realidad. Es nulo. Depende del desquicio, es demasiado costoso. Son muchas las baratijas que impiden que las reinas que andan por las calles imponiendo su hedor quiebren o se desintegren y lloren de sufrimiento. Pero es mejor así toda esta tragedia. Falso optimismo por el que navegar. Almas en pena como la mía así se mantienen rudas en el sonido arcaico de la soledad. Porque ser pesimista es ser mazoquista, habiendo tanta forma sexual de ser feliz. Como si el dolor fuera el peor pecado en este sistema líquido, amarillo y rojo, azucarado y con gas.
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