sábado, 8 de octubre de 2011

San Francisco

Las primeras tres horas del día fueron dolorosas. El mal trago de la noche anterior le había iniciado de nuevo esa nauseabunda tristeza que a otras veces le había venido en su vida. De qué servía en esos momentos estar rodeado de mar y desiertos. ¿Qué se hizo mal aquí? Ante esos quiebres amorosos no queda ninguna otra opción que la resignación. Para todo lo demás, la lucha, la paciencia, la movilización. Y él sabía de luchas y de injusticias sociales, pero conmigo podía ser el peor de los fascistas y torturar el pobre amor que teníamos hasta hacerlo estallar de muerte. Para otras cosas era artista, sutil, perfecto. Vivía rodeado de cócteles y exposiciones, "el arte es política" solía decirme antes de partir a hacer lobby en algún bar donde había algún director de museo o un contacto importante. Conmigo podía ser descuidado y botar toda su basura como si fuera yo un basural municipal. ¿Dónde quedaba el arte sutil por medio del cual se comunicaba con los demás? Qué mal trago. En el amor nadie da explicaciones, cada cual tiene el derecho absolutista de hacer lo que se le da la gana. Fui su amante y su amor efímero, me amó como a la flor y como a la piedra, y sin embargo dejó un eterno espacio donde no accede mi calidad de perro de calle. Tengo que verlo siempre desde afuera.

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